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La calle del indio triste

Hoy en día se conocen como 1ª y 2ª del Correo Mayor y 1ª del Carmen, sin embargo en antiguos ayeres a estas calles se les conocieron como la 1ª y 2ª del Indio Triste debido a que dentro de ellas vivió un antiguo indio noble, descendiente del linaje de los aztecas, cuyo nombre era Cuauhtzin.

La calle del indio triste

La calle del indio triste

En aquel entonces, el gobierno español comenzó a proteger a los nobles de linaje azteca que aún quedaban, a cambio de que estos les suministraran información, la cual encontraban muy valiosa para apaciguar las conspiraciones que su pueblo tramaban, buscando librarse de la opresión que estos ejercían sobre ellos, de esta forma rápidamente Cuauhtzin y otros nobles se convirtieron en espías, los cuales ostentaban grandes riquezas, casas, pinturas y otros objetos que él y los de su pueblo consideraban de gran valor.

Cuauhtzin rápidamente vivió en una gran casa, rodeado de lujos, de mujeres, se convertido al cristianismo al ser bautizado y próspero aún más  al convertirse en el espía favorito del virrey, sin embargo, el darle la espalda a sus creencias y a su propio pueblo, inicio a carcomer su mente y provocar que se entregara a toda clase de vicios, que por algunos instantes lo hacían olvidarse de sus penas, comía grandes banquetes que lo indigestaban, se entregó a extaciantes placeres carnales y pronto callo en el alcoholismo que lo hacía perderse durante días.

Pero para Cuauhtzin, los vicios era solo la punta de sus problemas, ahora este antiguo noble azteca, vivía atemorizado, lo aterraba la idea de desatar la ira de sus dioses contra él, mientras que por otro lado, también tenía miedo de desatar la rabia del dios cristiano al que ahora adoraba, y por el que fingía ante sus nuevos amos. Esto provoco que Cuauhtzin viviera una doble vida, por un lado adoraba al dios cristiano que le habían impuesto, mientras que por otro, dentro de su casa construyo un altar privado en el que idolatraba a sus ídolos de oro, buscando su perdón.

Pronto esta combinación de factores hicieron que Cuauhtzin descuidara sus labores como espía y se perdiera en miedo y vicios que provocaron que no se percatara de una nueva conspiración que sus allegados estaban planeando, por lo que al ser avisado el virrey de este nuevo plan por uno de sus otros espías y percatarse de que Cuauhtzin ni siquiera estaba realizando sus labores, lo castigo arrebatándole sus propiedades y dejándolo en la miseria total como advertencia para sus demás espías.

Cuauhtzin quedo en la miseria total, ahora, no tenía donde vivir, ni a donde ir, por lo que simplemente se sentó en la esquina que se encontraba en frente de su antigua propiedad, se perdió en sus pensamientos, su mirada se mostraba vacía, sin ánimos para moverse o por lo menos buscar cómo salir adelante, pronto comenzaron a caerle las críticas de las personas que transitaban por aquel sitio, tales como… indio perezoso, indio haragán o criticas similares, pero estas le eran indiferentes, en otras ocasiones las personas llegaban y tratando de quitarlo iniciaban a patearlo, por lo que salía de ahí, pero horas más tarde volvía a su sitio, lo que provoco que otros le tuvieran lastima y en un gesto de generosidad, le obsequiaran pan, agua y cosas para comer.

Esta situación continúo de esta manera durante toda la vida de Cuauhtzin, por lo que pronto la calle en la que solía sentarse fue identificada como la calle del indio triste, debido a que en ocasiones podían mirar a este hombre llorando desconsoladamente por la nostalgia que provocaba dentro de él la gloria de sus antepasados.

El final de esta leyenda esta cuando una día, este noble azteca se dejó morir solo, al dejar de comer y beber agua por lo que una mañana fue encontrado su cuerpo sin vida y fue trasladado por unos frailes para darle cristiana sepultura en el cementerio de la iglesia de Santiago Tlatelolco, en otras versiones se dice que en la calle del indio triste un día encontraron una estatua en el lugar donde Cuauhtzin se sentaba por lo que se corrió el rumor de que se había transformado en piedra.

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