El flechador del sol

El flechador del sol. Leyendas prehispánicas

El flechador del sol, narra la leyenda de un héroe Mixteca, llamado Tzauidanda (también conocido como Yacoñooy o Mixtecatl), quien demostró que cuando la situación lo requiere, la fuerza de voluntad puede ser lo que nos lleve a realizar las cosas más épicas.

La historia comenzó al lado de dos grandes árboles que vivían dentro de una cueva espiritual, en tierras de Cahuacandehvui (Apoala), que se amaron tanto, que iniciaron a entrelazar sus ramas el uno con el otro, mientras que sus raíces se abrazaban las unas con las otras.

Fruto de este amor nació el primero hombre y mujer Mixtecas, quienes a su vez concibieron a pequeños niños que con el tiempo formaron la ciudad de Achiutla, lugar donde nació Tzauidanda.

Su nación se multiplicaba rápidamente y prosperaba con facilidad, pero muy pronto el sitio que llamaban su hogar les fue insuficiente, pues eran tantos que requerían de más espacio para seguir expandiéndose. Fue ahí cuando Tzauidanda, mirando el problema y decidió salir de su ciudad, para buscar más tierras para establecerse.

Tzauidanda viajo durante muchos días, en ocasiones cruzaba por su mente la idea de volver a casa, pero al recordar su objetivo nacía de él una nueva voluntad para continuar. Los días trascurrieron y finalmente llego a un campo abierto con verdes prados, el agua corría libremente y al buscar a su dueño, se percató de su ausencia. Agotado solo se tumbó ahí y durmió durante largo tiempo.

Horas más tarde despertó con mucha sed, su boca estaba completamente seca, sus labios comenzaron a partirse debido a la deshidratación y su piel ardía como si mil flechas la atravesaran.

Finalmente comprendió todo, aquel hermoso lugar, era propiedad del sol, y no sedería sus tierras sin pelear.

Tzauidanda, tomo valor, tomo el arco que llevaba consigo, e inicio a disparar tantas flechas contra el sol como le fue posible, antes de perder la conciencia una vez más.

Para cuando se levantó Tzauidanda, el sol estaba descendiendo, sus rayos dejaron de penetrar su piel con la misma intensidad y a lo alto se podía mirar un aura rojiza de la sangre que su enemigo dejo tras de sí antes de caer en la oscuridad de la noche.

Desde entonces aquellas tierras pertenecieron al pueblo de Tzauidanda y él fue recibido como un héroe que demostró que nada es imposible y fue conocido como el flechador del sol.

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