El diablo en pañales

El diablo en pañales. Leyendas Coloniales

El diablo en pañales es una leyenda que ocurrió hace mucho tiempo en un pequeño pueblito que se cuenta a los borrachines que transitan por el lugar. En aquel entonces el alumbrado público aun no llegaba, y las calles eran oscuras y escasamente alumbradas por pequeños faros, que daban una tenue luz que proyectaban siniestras sombras. Las calles eran frías y los sonidos dentro de ellas escasos, por lo que el cantar de los grillos abundaban.

Cierta noche, a eso de las 2 o 3 de la madrugada circulaba un hombre en evidente estado de ebriedad, que se perdió en alguna de las cantinas que prestaban servicio en aquel sitio, y tambaleándose salió de ella, apenas logrando sosteniéndose  en sus dos piernas.

El hombre daba paso tras paso buscando llegar a su hogar, cuando entre el silencio absoluto de la noche y el soplar del viento creyó escuchar el llanto de un bebe, que lo obligo a detenerse para tratar de escuchar una vez más, sin hallar aquel sonido.

Extrañado prosiguió su camino, y sin darle mayor importancia pensó que se trataba de alguna jugarreta que su mente le estaba provocando por consumir tanto alcohol, aunque al dar algunos pasos, el llanto volvió una vez más.

En esta ocasión tenía la certeza de que no era una alucinación, y buscando entre las sombras que envolvían el lugar, recorrió cada rincón en busca de lo que hacia ese sonido, topándose finalmente con un bebe recién nacido, cubierto de suciedad y que apenas lograba emitir sollozos. Molesto, maldijo a los padre que dejaron de esta manera a su bebe. No podía creer que existiera tales personas y sosteniéndolo en sus brazos le dijo de lo llevaría con él.

Camino una calle, y perdido en su molestia, sintió un poco de agotamiento en sus brazos, para la siguiente el peso le parecía mayor, en la tercera creyó que en cualquier momento el infante se le resbalaría por el cansancio, y para la cuarta decidió aproximarse al faro más cercano, para darle un vistazo más de cerca al pequeño, pero para su sorpresa, al descubrir su rostro se topó con el hocico de un puerco del que salían dos colmillos y de sus ojos una mirada llena de fuego que lo miraban directamente.

El hombre, solo arrojo a la criatura lo más lejos de él y corrió sin mirar atrás, sabiendo que se encontró con el diablo en pañales

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